INVESTIGACIONES

    La nueva guerra que corroe al Caribe

    La nueva guerra que corroe al Caribe

    Una puja territorial por el control del narcotráfico en el Caribe ha dejado, de manera silenciosa, más de un centenar de muertos en el último año a lo largo de toda la región. 

    El más reciente y sonado fue el del narcotraficante del ‘Cartel de la Costa’, Libardo Parra González, alias ‘El Flaco’ o ‘El Compadre’, un hombre que fue la mano derecha del extraditado Alberto Orlandez Gamboa, alias ‘El Caracol’, y que había regresado en 2015 al país después de pagar varios años de cárcel por tráfico de drogas en Estados Unidos. 

    Un sicario le disparó a quemarropa el 10 de febrero pasado dentro de una supertienda Olímpica del norte de Barranquilla, mientras esperaba que una cajera despachara su compra. La empleada, Katherine Martínez Sarmiento, moriría días después producto de una bala perdida.

    Desde la agencia antidrogas de EE.UU., la DEA, alertaron a las autoridades colombianas que de vuelta al país ‘El Flaco’ buscó apoyo con ‘Los Pachenca’ y se reencontró con viejos socios del ‘Cartel de la Costa’, que también retornaron hace pocos años de extradición. Con ellos habría acordado recurrir a excobradores de la organización para recuperar propiedades y dinero, y aliarse con ‘Los Pachenca’ y personas cercanas al extraditable Jairo ‘Pacho’ Musso. 

    “La información indica que (Parra) tenía el control de una ruta a República Dominicana por el mar Caribe”, dijo un investigador de la Fiscalía. 

    La muerte de Parra mostró el distanciamiento con sus antiguos socios. 

    Una de las hipótesis señala que al parecer Parra entabló contacto con alias ‘La Silla’, un narco ad portas de ser extraditado a Estados Unidos, cuyo espacio en Santa Marta ha sido ocupado por el 'Clan del Golfo'. 

    La presencia de 'El Flaco' en Barranquilla habría sido vista como si el mismo ‘Caracol’ hubiera regresado a disputarles el control a otros grupos de mafiosos, que hicieron una bolsa común para ordenar su muerte.

    Al día siguiente del asesinato de Parra, tres hombres fueron acribillados en una casa en el vecino municipio de Soledad. 

    Según versiones de varios familiares y amigos a 360-grados.co, estas personas habían participado en el crimen y sospechan que fueron baleados por los mismos que los contrataron para asesinar a Parra. 

    Uno de los muertos, conocido con el alias de ‘Comanche’, era un desmovilizado de las AUC que fue escolta del paramilitar Oscar Ospino Pacheco, alias 'Tolemaida', y de 'Jorge 40', y se había convertido en un gatillero a sueldo en el municipio de Zona Bananera (Magdalena), de donde era nativo y donde se camuflaba como jornalero en una finca. 

    Este y otros crímenes tienen como protagonistas a varios ex miembros del ‘Cartel de la Costa’, ex paramilitares, sicarios de ‘La Oficina de Envigado’, ‘Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada conocidos como los  'Pachenca' y el ‘Clan del Golfo’, que han convertido en un campo de batalla las calles de las principales capitales de la Costa Caribe, Barranquilla, Riohacha, Cartagena, Valledupar y Santa Marta, peleando por el control de las principales rutas de exportación de droga, las oficinas de cobro y las extorsiones. 

    El de Parra no ha sido el único caso. En 2019, en la Troncal del Caribe, sicarios balearon a José Benito Villarreal, alias ‘Echeverry’, ex socio de ‘la Oficina de Envigado’; y luego al ex paramilitar Javier Acosta Maestre, quien había sido jefe del grupo de 'Los 40', un grupo que heredó de Jorge 40 el manejo de las principales rutas de tráfico de drogas entre Ciénaga en el Magdalena y Cartagena en Bolívar. 

    En el mismo año en Cartagena también murió tiroteado Roberto Meléndez Vallesilla, ex miembro del llamado 'Clan Coneo', que pasó 13 años preso en EE.UU. por narcotráfico.

    En enero de 2020, en el norte de Barranquilla, también fue acribillado Edgar Simmonds Gallardo, alias ‘El Chorro’, un negociante que era propietario de una empresa de taxis y que había sido extraditado y condenado en Estados Unidos por facilitar el lavado de dinero a la ‘Oficina de Envigado’. Por esos días, en Medellín también asesinado por sicarios el cartagenero Wilfrido Ortiz Coneo, alias 'El Monito', del 'Clan Coneo' y según la Policía relacionado con el narcotráfico.

    A pesar de crímenes como el de Parra y estos otros mafiosos, el alcalde de Barranquilla, Jaime Pumarejo Heins, ha evitado referirse a la ola de asesinatos que vive su ciudad. La disputa mafiosa ha sido una de las razones en el aumento de las cifras de asesinatos en el área metropolitana de Barranquilla, en donde en 2020 se presentaron 496 homicidios, 33 más que en 2019, cuando fueron 433. 

    Algo parecido ha pasado en Santa Marta y Ciénaga, en el Magdalena, en donde en 2020 se dieron 168 asesinatos, 13 más que en 2019, año en el que se presentaron 155 muertes violentas. 

    Esta subida en el número de asesinatos a bala en la capital del Magdalena, provocó que se convocaran de urgencia la realización de varios consejos de seguridad, encabezados por el fallecido ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, en los que las autoridades se comprometieron a devolver al Batallón de Alta Montaña al principio por el cual fue creado: salvaguardar el territorio de la la Sierra Nevada de los grupos armados ilegales y del narcotráfico.

    En 2018, el Batallón de Alta Montaña mayor  Robins Ruiz Diaz le fue reasignada su jurisdicción ampliando a más de 8 municipios, media calificada de ineficiente, por la entonces secretaria de Seguridad de Santa Marta, Priscila Zúñiga, ya que con la misma tropa tenían que patrullar una mayor área, lo que facilitó el ingreso de nuevos actores al territorio y el posicionamiento entre el 2019 y 2020 del 'Clan del Golfo' en municipios como Ciénaga y Zona Bananera, permitiendo su ingreso a Santa Marta. 

    El regreso de 'los Urabeños' con otro nombre

    Una de las principales hipótesis de la matazón que se está presentando en la región Caribe, y que manejan investigadores judiciales, es que el llamado 'Clan del Golfo' o 'los Gaitanistas' ha intentado retomar el vacío en la regulación del narcotráfico en el Caribe que quedó tras la desmovilización del Bloque Norte en 2006 y con ello el control sobre bandas y narcos locales.

    En 2012, ‘los Gaitanistas’ intentaron meterse a bala a la Troncal del Caribe y someter al grupo cercano al exjefe paramilitar Hernán Giraldo Serna, que se conocería como Los Pachenca, repitiendo la historia de 2001, cuando los hermanos Castaño, Salvatore Mancuso y ‘Jorge 40’, sometieron a las autodefensas campesinas del Magdalena y de La Guajira de ‘El Patrón’. 

    Ahora, el ‘Clan del Golfo’ no entró frontalmente, sino que contrató a bandas locales principalmente en Barranquilla y a ex auc en el Magdalena. Con ello y su entrada a Santa Marta, la banda completó su avance a la Sierra Nevada, que comenzó desde La Guajira y Valledupar. 

    Hoy, a pesar de que el Clan es la organización criminal más grande del país, con más de 1.500 integrantes, según la fuente policial consultada, no ha podido doblegar a los herederos de Giraldo Serna, que tiene unos 45 hombres en armas que están localizados en tres grupos móviles en puntos como Marquetalia, Dondiego y Palmor. Estos conservan la red de colaboradores del antiguo patrón. 

    Si se apoderaran de la Sierra Nevada, el Clan tendría el dominio del Parque Tayrona y la Troncal del Caribe, y con ello consolidarían el control sobre todos los puertos de la Costa Caribe, por donde al año se mueven cargamentos de droga que se calcula pueden rondar los 500 millones de dólares ($1.9 billones de pesos). La droga que sale del Caribe tiene como destino Centroamérica, Estados Unidos, Europa, el Norte de África, Asia y Medio Oriente. 

    Según una fuente policial consultada por 360-grados.co, si el ‘Clan del Golfo’ absorbe la zona en poder de ‘los Pachenca’, controlaría todo el Caribe. “Porque de allí se tiene acceso a los puertos naturales (más de 80 kilómetros de playas vírgenes) como los comerciales”, explicó el investigador de un organismo de inteligencia que pidió el anonimato.  

    Un fiscal dice que esta cifra podría ser mayor ya que en puertos privados solo se inspecciona un 10% del total de la carga que se exporta, a lo que se suma que “a diferencia de los narcos, nuestra operatividad en 2020 estuvo limitada por la pandemia”, explicó el funcionario. 

    La batalla por Barranquilla

    Después de la desmovilización del paramilitarismo en la Costa Caribe colombiana, el crimen organizado quedó fragmentado porque las AUC dejaron grupos de retaguardia que no se desmontaron como ‘los Gaitanistas’ en el Urabá, los ‘Paisas’ y el Contrainsurgencia Wayúu, y vendieron franquicias como la de ‘Los Nevados’ en Barranquilla y Santa Marta, que siguieron traqueteando en la región. Hubo otros, como los ‘Rastrojos’ que aprovecharon ese vacío e intentaron disputar una porción del negocio.

    En el Caribe, las AUC habían sometido a más de una veintena de pequeños y grandes capos del narcotráfico, con lo que llegó a controlarlo todo, desde las fuentes de procesamiento hasta las rutas de exportación desde el Urabá hasta Punta Gallinas, con lo que logró evitar que algunas rivalidades salieran a flote. 

    Desde 2014, El ‘Clan’ quiere repetir la fórmula de las AUC: ser el eje criminal que en su momento fue el Bloque Norte, pero ha terminado siendo el detonante de una nueva guerra en las calles de Barranquilla, Santa Marta y La Guajira. 

    Las primeras escaramuzas del ‘Clan’ por entrar al área metropolitana de Barranquilla fueron en 2015 con Weimar Tuberquia Graciano, quien se presentó en la ciudad como un comerciante de maderas que llegó por negocios al municipio de Puerto Colombia, según lo recuerda un oficial de inteligencia que le hizo seguimientos. 

    Tuberquia intentó reclutar a la banda local ‘Los Costeños’, un grupo de sicarios a sueldo y viejos socios de los Rastrojos, pero no llegaron a ningún acuerdo porque estos ya tenían vuelo propio en la ciudad en cabeza de Jorge Díaz Collazos, alias ‘Castor’, y Digno Palomino, alias ‘Digno’, y no se querían subordinar. 

    Tras fracasar en su encargo, el emisario salió huyendo de la región después de que un sicario trató de matarlo en un restaurante de Puerto Colombia. Pero no siguió contando con la misma suerte, ya que un año después, en 2016, dos sicarios lo asesinaron en un asadero de carnes, en Villavicencio (Meta).  

    A partir de esto, el ‘Clan’ cambió de estrategía y estableció alianzas en Barranquilla con la mayoría de grupos locales, incluso subcontrató a varios como los ‘Papalopez’ y sus antiguos enemigos los ‘Costeños’, para proteger cargamentos de droga que enviaba por este puerto. 

    Estas alianzas se empezaron a traducir en crímenes, según revelan denuncias ante el Gaula de la Policía que datan de 2017, conocidas por 360-grados.co

    Ese año, un grupo armado extorsionó a la cooperativa de bananeros Cobatlan, a la que le exigieron $50.000 por cada camión, luego les plantearon un negocio: que les ayudaran a recaudar ‘cuotas’ de otras empresas a cambio de un 10% de comisión. También asesinaron a dos chanceras de la empresa Supergiros, porque sus directivas no les  pagaron la 'vacuna'. 

    En 2017, sicarios del ‘Clan del Golgo’ también mataron en el norte de Barranquilla a tres hombres que tenían presuntos vínculos con Johan Pamplona Gallego, alias ‘Carevieja’, cabecilla de negocios de narcotráfico de ‘los Pachenca’. Una de las víctimas era cuñado de Pamplona y tenía orden de captura dentro de una investigación de un fiscalía especializado contra el crimen organizado. El ataque fue atribuido por las autoridades a una orden directa de alias ‘Otoniel’, máximo jefe del ‘Clan’, para vengar el asesinato de un sobrino suyo en Cartagena.

    Un año más tarde, en 2018, asesinaron al vigilante de Cobatlan que denunció una extorsión, lo que provocó que la Policía capturara por primera vez a un grupo de 12 hombres del ‘Clan’, en su mayoría nativos de Córdoba y Antioquia, que se estaban dedicando a las extorsiones y hacían las veces de una oficina de cobro.

    En noviembre de 2019, las autoridades capturaron un segundo grupo conformado por 14 presuntos integrantes del ‘Clan’, en un apartamento en Puerto Colombia, una población costera a solo 20 kilómetros al norte de Barranquilla y en donde se les encontró un arsenal. 

    Un fiscal especializado reveló que esto evidenciaba que el grupo había tomado “asiento en Puerto Colombia”, un municipio ubicado en la banda costera del Atlántico con varios kilómetros de playa y que es clave para el zarpe de lanchas rápidas con droga. 

    Además del control de los sitios de embarque, en Puerto Colombia el ‘Clan’ se adueñó de varios negocios del hampa, en particular el microtráfico, a punta de homicidios y extorsiones. 

    Luego se posicionó en Palermo, otro punto estratégico para el manejo de las exportaciones de drogas, ubicado en el corregimiento de Sitionuevo (Magdalena), al que se llega pasando el Puente Pumarejo desde Barranquilla. 

    Desde ahí comenzaron a amenazar con invadir el territorio que controlan ‘Los Pachenca’ en el Magdalena.

    La presencia de los del Clan se hizo notoria en Zona Bananera el 30 de julio de 2019 secuestran a Melisa Martinez García, al parecer como retaliación a la pérdida de un cargamento de drogas en una finca que era administrada por ella.

    Martínez sería liberada en un operativo de las autoridades en la Sierra Nevada de Santa Marta y por este hecho fueron capturados dos ex jefes paramilitares, Rigoberto Rojas Mendoza alias El Escorpión y Jhon Jairo Esquivel Cuadrado alias El Tigre, ambos reconocidos ex AUC, que al ser capturados por este secuestro fueron expulsados de Justicia y Paz.  

    Un asesinato que provoca la guerra

    Un desmovilizado de las AUC le aseguró a 360-grados.co que el punto álgido de la confrontación entre el ‘Clan’ y una banda conocida como ‘Los Vega’, fue la muerte de Javier Acosta Maestre, alias ‘Baltazar’. 

    Este hombre era un ex paramilitar, que había sido parte de la banda de El Caracol, después fue cercano a Rodrigo Tovar Pupo alias ‘Jorge 40, y que tras desmovilizarse hizo parte del grupo de los ‘40’, fue contratado por el ‘Clan’ para ser  el jefe de una oficina de cobros que se encargaba de asesinar a competidores y les permitió acentuar su presencia en el área metropolitana de la capital del Atlántico, que además de Puerto Colombia incluye los municipios Soledad, Malambo y Galapa.

    ‘Los Vega’ son un grupo de más de 20 hombres que se dedican al ajuste de cuentas y el despojo de tierras en el norte de Barranquilla, y que fue referenciado en la alerta temprana 037-2020 emitida en diciembre por la Defensoría del Pueblo como una de las estructuras que están amenazando la seguridad en esta ciudad. 

    Acosta Maestre fue asesinado en julio de 2019, después de que sicarios emboscaron el carro blindado en el que iba por la Troncal del Caribe, cerca de El Rodadero, en Santa Marta. El atentado habría sido un favor que ‘Los Pachenca’ le hicieron a ‘Los Vega’. 

    “‘Los Vega’ culpaban a ‘Baltazar’ del atentado que le hicieron a dos de ellos, por eso buscaron apoyo para matarlo; a cambio, acordaron con ‘Los Pachenca’ facilitarles su permanencia y movilidad en Barranquilla, especialmente en barrios del norte de la ciudad”, dijo un desmovilizado que conoció los detalles de su asesinato. 
    “La versión que más se repite es que alguien de ‘Los Vega’ lo envenenó dentro de la clínica porque las balas no lo mataron”, añadió.

    La alianza entre ‘Los Vega‘ y ‘Los Pachenca’ quedó al descubierto también por seguimientos y versiones de soplones a fiscales y policías que permitieron, en septiembre de 2020, que la Dijín capturara en el noroccidente de Barranquilla a Norberto Quiroga Poveda, alias 5-5, ex jefe militar del bloque Resistencia Tayrona de los Giraldo en la Sierra y quien es señalado como el jefe de los Pachenca. 

    La Fiscalía lo señaló de ser el “cabecilla oculto” del grupo a cargo de sus finanzas y manejar negocios del narcotráfico. 

    Una empresa y la ‘Oficina de Envigado’ 

    Las autoridades también han descubierto otro tipo de alianzas entre las bandas de la Costa y grupos de narcos del interior del país. 

    Un revelador informe de la Policía del 3 de agosto de 2020, conocido por 360-grados, señala que miembros de la ‘Oficina de Envigado’ estarían reforzando con sicarios a los ‘Vega’. 

    Esto habría quedado al descubierto porque nueve sicarios de una banda conocida como ‘Los Mondogueros’ fueron hospedados en un apartamento, en el norte de Barranquilla, y desde allí ejecutaron los asesinatos de Édgar Simmonds Gallardo, el empresario de taxis baleado en enero de 2020, y del abogado Óscar Santodomingo Payeras, tiroteado en junio del mismo año, que fue coordinador de escoltas de una empresa de vigilancia que está bajo investigación por parte de las autoridades.

    A Santodomingo se le conocía por haber sido defensor de ex paramilitares, un ex cabecilla de ‘Los Rastrojos’ y de la ex empresaria del chance Enilse López Romero, apodada ‘La Gata’, condenada 37 años de prisión por homicidio agravado y concierto para delinquir con grupos paramilitares. 

    En noviembre de ese año, sicarios acribillaron cuando salía de un restaurante de su propiedad al abogado Julio Polanía, un personaje que había sido mencionado por el político David Char Navas ante magistrados de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), y de quien aseguró le presentó a los jefes paramilitares que le ayudaron en 2006 a obtener los votos que lo llevaron al Congreso. 

    Otro desmovilizado, que también habló en condición de anonimato para este reportaje, sostuvo que fiscales y la Policía conocen informaciones que varios sicarios de ‘Los Vega’ y de ‘La Oficina de Envigado’ se pasean por la Costa Caribe con carné de escoltas y permisos para portar armas de una empresa registrada ante la Superintendencia de Vigilancia y Seguridad Privada. 

    Las autoridades sospechan de esa empresa porque uno de los supuestos escoltas, conocido con el alias de ‘Mono Paisa’, y que aparece en una de las listas de la empresa, tiene orden de captura por homicidio y es uno de ‘los más buscados’ por la Policía en Medellín. De hecho, las autoridades en Barranquilla indagan si Parra y sus escoltas también tenían armas amparadas por esta compañía. 

    Esta estela de crímenes dejan ver que si bien hay un interés de viejos narcotraficantes de la Costa Caribe por recuperar terreno y negocios, se enfrentan a nuevos grupos de paramilitares asociados a narcos como el ‘Clan del Golfo’ y los ‘Pachencas’, que han consolidado su dominio sobre los puertos de la región a punta de muertos e intimidaciones, que hacen recordar las viejas épocas de las AUC. 

    “Estamos ante una posible reconfiguración de la ilegalidad en una zona clave para el envío de cocaína hacia Centroamérica, Estados Unidos y Europa”, comentó el fiscal. “La sola presencia de viejos capos que retomaron sus actividades ilícitas es vista como una amenaza por otras organizaciones”, agregó. 

    Eso, sin duda, es una bomba de tiempo que las autoridades deberían reconocer en público para evitar que siga incrementándose el número de víctimas directas y colaterales, como la cajera de la supertienda Olímpica, Katherine Martínez. En la región hay preocupación de que se repita la historia del paramilitarismo en ciudades como Barranquilla, donde por años se negó su presencia y que azotaron por más de una década al Caribe.


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