INVESTIGACIONES

    La covid y las extorsiones acorralan a Barranquillita

    La covid y las extorsiones acorralan a Barranquillita

    De manera silenciosa, dos pestes han estado afectando al corazón de Barranquilla: las bandas criminales y la covid-19. Ambos males han arrinconados comerciantes y a vendedores ambulantes del principal mercado de la ciudad. 

    En la popular zona de Barranquillita, en el corazón de Barranquilla, los beneficios de la reapertura parecen ser un asunto lejano para los dueños de graneros y tenderos, así como para quienes se rebuscan la vida en centenares de puestos ambulantes de frutas, verduras y cachivaches, que ocupan sus atestadas y estrechas calles. Esas mismas donde la informalidad es la norma y la criminalidad una amenaza constante.

    Este céntrico sector, cerca del sitio donde originalmente se erigió la ciudad, es la gran despensa de la ciudad –aparte de Granabastos, en la vecina Soledad–, donde confluyen tanto mayoristas como minoristas de alimentos y productos básicos con sus compradores provenientes del resto de la ciudad y de los municipios del área metropolitana.

    El lugar es estratégico, porque de allí parte el corredor industrial de la Vía 40 y está enmarcado en la zona portuaria, pero también está rodeado de barrios marginales como Villa Nueva y Bendición de Dios, asentamientos que limitan con la ribera occidental del río Magdalena, donde las necesidades básicas están lejos de satisfacerse, campea la pobreza y anidan bandas criminales alimentadas por el narcotráfico.

    Es en todo ese sector donde la crisis económica y social ocasionada por la covid-19 se ha ensañado con la población, mientras organizaciones criminales y delincuencia común han arreciado la extorsión y mantienen una constante lucha para quedarse con el control de la zona. 

    Los ‘cachacos’

    Alberto* es un hombre adusto, de unos 60 años. Hace 40 llegó a Barranquilla para forjarse un futuro con esfuerzo y trabajo duro. Es aún más parco con los extraños y reniega cuando se le pregunta por la situación.

    “Los que vinieron se identificaron como integrantes de los Costeños. La cosa se estaba poniendo fea desde antes de la pandemia, pero con toda esta crisis las exigencias no han hecho sino empeorar”, contó sobre el episodio que ocurrió a principios de año, cuando un par de hombres armados llegaron a su local y le pidieron 200 millones de pesos, una onerosa “cuota de seguridad” para evitar que atenten contra su negocio o su vida.
    lo que es un potencial riesgo de nuevos conflictos.

    A la amenaza velada le siguieron varias llamadas en las que le dejaron entrever que lo seguían y que conocían detalles de su negocio y de su familia. Negociante como es, tras varias llamadas logró que las pretensiones llegaran a 100 millones de pesos, que terminó pagando en un fugaz encuentro, en el que no faltaron los amedrentamientos.

    Comerciantes como Alberto, que en el Caribe llaman ‘cachacos’ por ser del interior del país, son esquivos y desconfiados a pesar de su largo arraigo en la ciudad. 

    “No solo nos tocan a nosotros las extorsiones –manifestó otro comerciante, dueño de un granero–. A los que venden frutas y verduras también les han pedido, y a varios les han cogido a bala (disparado) las puertas de los negocios si no pagan”,
    contó.

    Prueba de esta denuncia ocurrió el 8 de junio, cuando dos sujetos fueron capturados y señalados como presuntos responsables de disparar en dos oportunidades contra una mayorista de guineo en Barranquillita. La Fiscalía –que informó del hecho a través de un escueto comunicado– les imputó los delitos de homicidio en grado de tentativa y porte ilegal de armas, sin que hasta ahora se haya aclarado ni los razones ni a qué banda delincuencial pertenecen. 

     Hieren a bala a mayorista de guineo en Barranquillita: dos capturados

    Alerta temprana

    Esta situación es el reflejo de lo que está ocurriendo en varios barrios de Barranquilla. Así lo denunció el 13 de agosto pasado la Defensoría del pueblo en la Alerta Temprana 037 de 2020, en la que incluyó los municipios de Soledad, Galapa, Malambo y Puerto Colombia. La entidad alertó sobre la amenazante presencia de “grupos de criminalidad organizada regional y local como Los Costeños (también llamados los Nuevos Costeños), el Bloque Central Renacer, los Papalopez y los Vega”.

    También denuncia que hay “estructuras criminales provenientes de Venezuela”, conocidas como ‘pranes’ y que mantienen presencia en ambos países. “En Barranquilla se ha identificado la presencia de miembros de una banda de este tipo conocida como los Meleán”, explica el documento de la Defensoría.

    Aún así, según el documento, el poder dominante lo ejercen estructuras delincuenciales que incluyen grupos armados nacidos de la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia, como las autodenominadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) y grupos recientemente reconfigurados como los Nuevos Rastrojos y el Nuevo Bloque Costeño.

    Lo más grave es la “negación por parte de las autoridades locales del escenario de riesgo en el territorio, la falta de conocimiento y voluntad de algunos funcionarios públicos en la activación de las diferentes rutas de protección que existen y la poca capacidad institucional para responder a hechos de violaciones masivas a los derechos humanos”,
    dice la Defensoría.

    Las extorsiones no se han limitado al mercado público de Barranquilla. También se ha extendido al Paseo Bolívar, en donde hay un comercio más formal hasta el área que colinda con la avenida Murillo, que abarca grandes distribuidoras, licorerías, hoteles, moteles y almacenes de autopartes, entre otros negocios.

    Según denuncias presentadas a la Fiscalía entre el 1o. de enero y el 19 de agosto, conocidas por 360-grados.co, llama la atención el aumento de los casos de sicariato (206 casos), 10% más en comparación con los 188 registrados en 2019. Mientras que las denuncias por extorsión pasaron de 78 en 2019 a 51 en 2020, una reducción de 34%. La Fiscalía afirma que la mayoría de estas extorsiones son atribuidas a delincuencia común y por bandas organizadas, entre las más usuales.

    También preocupa, como lo reconoce el director del gremio de los tenderos, Undeco, Carlos Maren, el alto nivel de robos, por lo que en lo corrido del año se han presentado 9.384 denuncias ante la Fiscalía. Un registro que para Maren es bajo porque “en tiempos de la covid, las víctimas prefieren no denunciar, porque eso implica ir a la Fiscalía y tener pruebas. Muy pocos se arriesgan”, dice resignado.   

    El investigador y analista de la Universidad del Norte, Luis Fernando Trejos, asegura que la reciente alerta temprana desnuda el hecho de que “Barranquilla sigue siendo un escenario clave para el crimen organizado. Si bien tenemos estructuras de crimen organizado local, otras vienen de diferentes lugares de Colombia para utilizar su privilegiada ubicación geográfica y sus respectivas ventajas para la exportación de clorhidrato de cocaína, así como por su actividad comercial, que posibilita el lavado de activos y la extorsión”.
    contó.

    Los comerciantes entrevistados confiesan que prefieren no denunciar porque sospechan hasta de las mismas autoridades. Alberto* señaló que como sucede con sus compañeros de gremio, también paga coimas a miembros de las autoridades para que “lo dejen trabajar”. Todo esto en medio de las restricciones de la cuarentena obligatoria y las exigencias de distanciamiento y bioseguridad, que se han convertido en caldo de corrupción.

    Fernando*, un mayorista de perecederos y licores, señala que en vista de las múltiples normas para restringir la movilidad de los ciudadanos, sobornó a policías para que le permitieran despachar desde su negocio, porque sus clientes habituales son vendedores informales o no hacen uso del servicio de domicilios. “Un día llegó la Patrulla Covid (de la Alcaldía y la Policía) y encontró gente que se estaba atendiendo. Ese día me tocó bajarme de 300.000 pesos para darles”, narra.

    El covid-19, la otra tragedia

    Desde mediados de julio, la crisis explotó. Varios comerciantes y tenderos salieron a las calles de manera pacífica a pedir la reapertura. No solo estaban asfixiados por el impacto de las extorsiones, también protestaban por el prolongado cierre de los pequeños y medianos comercios, mientras los pocos almacenes de abarrotes y tiendas que sí podían vender resentían las bajas ventas en medio de la cuarentena.

    Tras el pico de la pandemia, de los 34.316 casos confirmados de covid-19 al 10 de agosto en la ciudad, 4.400 se presentaron en la localidad de Norte Centro Histórico, a la que pertenece Barranquillita. Otros 16.800 se dieron en localidades con vulnerabilidades: la vecina Suroriente con 6.200, Suroccidente con 6.600 y Metropolitana con 4.000.

    Dichos contagios en áreas vulnerables coinciden con diez de los barrios que fueron incluidos en la Alerta Temprana emitida por la Defensoría del Pueblo. Allí figuran Barlovento o Villanueva, vecinos de Barranquillita. 

    Los datos conjuntos de estas localidades suponen que el 63% de los casos históricos de la ciudad se han registrado en las localidades en las que predomina un contexto socioeconómico medio-bajo. A su vez, 22 de los 24 barrios con más fallecidos se sitúan en estas cuatro localidades.

    Por otra parte, como pasó con otras plazas de mercado como La Mayorista en Medellín y Corabastos en Bogotá, el mercado público de Barranquilla también tuvo su crisis sanitaria, en particular porque las autoridades no pudieron controlar ni imponer las medidas de bioseguridad. 

    El 18 de junio de 2020, el mercado público de Barranquillita fue cerrado por la Alcaldía hasta el 30 de ese mes por considerarlo foco de contagio del covid-19. Se aplicaron fuertes restricciones para el ingreso de los compradores y el Ejército militarizó el área. Los mayoristas si pudieron continuar sus actividades, sin que ello les significara los mismos ingresos, en parte por las restricciones y mayores controles que se impusieron para evitar nuevos focos de la enfermedad.

    “Tuvimos que asumir grandes pérdidas por el cierre, mientras los grandes almacenes de cadena, si los mantuvieron abiertos. Uno no deja de pensar que hubo cierto favorecimiento”,
    menciona uno de los comerciantes afectados.

    Para el 21 de julio la presión llegó a su punto máximo. Los comerciantes del centro de la ciudad salieron pacíficamente a protestar y manifestar que “nos están matando de hambre”. “No queremos que nos regalen nada, queremos trabajar”, declararon a un medio local. “Si ellos pueden, ¿por qué nosotros no?”, fue su reclamo sobre su cierre, mientras las grandes superficies podían seguir operando.

    Desde el inicio de la cuarentena, las medidas que aplicó la alcaldía fueron más que todo policivas. En abril en la ciudad se aplicó el pico y cédula a todos los sectores, incluyendo las plazas de mercado. 

    Para paliar la crisis, según reportes de la misma administración, a finales de abril se entregaron 5.400 auxilios alimentarios a través de 23 asociaciones de vendedores ambulantes de Barranquillita para que permanecieran en sus casas. Ese quizás fue el único alivio que recibieron los habitanes de ese sector en casi cinco meses de cuarentena. 

     Distrito ha entregado 5.400 auxilios alimentarios a vendedores informale

    Llama la atención que, con la apertura de los sectores comerciales, uno de los factores comunes que se presentaron en la imposición de comparendos fue el desconocimiento “en un 90%”  de las medidas adoptadas por la administración para contener el virus. 

    Sin ayudas

    Supuestamente para sofocar los efectos de la cuarentena, el Gobierno Nacional dispuso de una serie de ayudas en medio de la emergencia sanitaria que han venido siendo entregadas a través de programas de asistencia como Familias y Jóvenes en Acción y Colombia Mayor, de la devolución bimensual del IVA y del Ingreso Solidario, este último para quienes no reciben alguna de los anteriores.

    Sin embargo, muchos se quejaron que a este sector los alivios o ayudas en metálico han brillado por su ausencia, tanto desde la esfera local como desde la nacional.

    El presidente del gremio de los tenderos, Carlos Maren, reconoce que muy pocos de sus afiliados solicitaron o accedieron a los créditos blandos o de bajo interés porque “no tienen sus papeles o estados financieros al día”, o porque otros, que fueron a preguntar por los dineros de un crédito con Bancoldex, les dijeron que se habían agotado.  

    Entonces, como reconoció otro tendero a este medio, la fórmula ha sido recurrir a la siempre abierta línea de crédito que tienen entre ellos mismos, que se prestan sin mayor garantía que su palabra. A pesar de esto, los despidos se incrementaron porque las ventas bajaron.

    “Yo tenía cinco trabajadores que me ayudaban con la atención y los domicilios, ahora debo defenderme con tres”,
    cuenta un tendero.

    Adicionalmente algunos de los negocios tampoco dan para pagarles seguridad social completa a sus empleados, así que se ven obligados a eludir ciertos aportes. algo que es un avance en medio de la informalidad laboral que en la ciudad alcanzó el 55,3% para febrero de 2020, según el DANE.

    El director del Centro de Barranquilla, Angelo CIanci, la autoridad que ha estado al frente del manejo de este sector de la ciudad, reconoce que para el comercio de Barranquillita y el Boliche –en donde se concentran las principales plazas de abastos– se tomaron decisiones drásticas, como pico y cédula para vendedores informales del espacio. También se hizo un cerco sanitario que no permitió el acceso de vendedores informales y estacionarios por un mes con el fin de disminuir la tasa de contagios.

    El funcionario señala que los negocios de estos comerciantes han estado siempre abiertos y funcionando, pero acepta que fueron golpeados por el confinamiento y, sin duda, están sufriendo el impacto de la desaceleración de la economía y un menor volúmen de ventas.

    Para analista de la Universidad del Norte, Luis Trejos, el hecho que estos sectores sufran de estas dos epidemias, la covid y el crimen organizado, demuestra que la oferta institucional ha sido “bastante débil”, y “hacia allá es donde realmente debiera enfocarse gran parte del esfuerzo”, ya que esta población está sintiendo el bajo impacto o las pocas ayudas que están repartiendo las entidades públicas.

    Como lo reconoce el dirigente gremial Maren debe haber un equilibrio entre la seguridad, la salud y la economía. Deudas pendientes en momentos en que en Barranquilla se asegura que lo peor de la pandemia ya pasó.

    Este artículo se hizo con el apoyo de la Fundación Heinrich Böll en Colombia